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Brasil y su visión del audiovisual como industria: ¿Modelo coreano para Latam?

Nova Indústria Brasil redefine la política industrial del país hasta el 2033, bajo una premisa de sostenibilidad e innovación que ubica a la producción audiovisual dentro de sus sectores estratégicos.

Pensando en la exportación de contenidos audiovisuales a gran escala y la construcción de una industria cultural potente, Brasil redefine su enfoque y busca convertirse en un país exportador de contenidos originales desarrollado con talento local, que nos trae la pregunta necesaria: ¿estarán detrás de reproducir el modelo coreano en Latinoamérica?

La discusión que atravesó los principales paneles de Rio2C 2026 no giró alrededor de incentivos fiscales ni de rebates para seducir a estudios extranjeros. Giró alrededor de una apuesta más ambiciosa: convertir al audiovisual en un sector estratégico de la economía nacional, con capacidad de generar exportaciones, empleo calificado y propiedad intelectual propia.

«Estamos construyendo una visión de futuro para el audiovisual brasileño, pensando en sostenibilidad económica, circulación, formación de audiencias y fortalecimiento de las capacidades regionales», afirmó Joelma Gonzaga, secretaria del Audiovisual del Ministerio de Cultura, durante uno de los paneles centrales del evento.

La declaración no fue aislada. En el mismo espacio, representantes del gobierno brasileño defendieron la incorporación del audiovisual dentro de Nova Indústria Brasil, la política federal de desarrollo sectorial lanzada para impulsar áreas consideradas estratégicas para la economía del país. La pregunta central dejó de ser cómo apoyar al audiovisual como expresión cultural para convertirse en otra: cómo transformarlo en motor de desarrollo económico durante la próxima década.

La ministra de Cultura, Margareth Menezes, fue más directa. «Cultura es industria, es mercado, es generación de empleo», sostuvo al defender el papel de la economía creativa dentro de la estrategia nacional. El ministro de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios, Márcio Elias Rosa, aportó el contexto económico: el audiovisual ya representa el 0,6% del PIB brasileño y genera más empleo que varios sectores industriales tradicionales.

Vistas en conjunto, esas intervenciones revelan algo poco habitual en la región: un gobierno que empieza a hablar del audiovisual con el mismo lenguaje que utiliza para hablar de manufactura avanzada o biotecnología.

La política pública de Brasil busca acompañar a la industria audiovisual
Políticas públicas que acompañan

En el marco de Rio2C, durante el panel Cultura todo el año, el alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Cavaliere, anunció un plan de inversión de R$ 225 millones (US$ 44 millones) para el período 2025-2028 destinado a fortalecer la cultura y la producción audiovisual de la ciudad.

La iniciativa contempla políticas públicas, convocatorias de apoyo y programas orientados a impulsar el desarrollo del sector, ampliar el acceso al financiamiento y valorizar tanto la producción artística como el patrimonio cultural de Río.

El anuncio refuerza la percepción de que Brasil está avanzando hacia una estrategia coordinada en la que el audiovisual deja de ser visto únicamente como una actividad cultural para integrarse a una visión más amplia de desarrollo económico y proyección internacional.

El mercado global del entretenimiento

Según el Global Entertainment & Media Outlook de PwC, el mercado mundial de medios y entretenimiento alcanzará los US$ 3,5 billones en ingresos para 2029. Pero el ritmo de crecimiento será significativamente más bajo que el registrado antes de la pandemia, en un escenario de mayor competencia y desaceleración del gasto de los consumidores.

El informe identifica dónde se concentrará el valor en esa nueva fase y destaca aspectos como la publicidad, ecosistemas digitales, inteligencia artificial y, de manera cada vez más central, activos de propiedad intelectual capaces de generar ingresos recurrentes a lo largo del tiempo.

La lógica competitiva de la industria se modifica en consecuencia. Producir más contenido ya no garantiza crear más valor. Poseer las franquicias, los formatos, las marcas y las historias que sostienen audiencias sí.

¿Podría funcionar el modelo coreano en Latam?
La referencia que no puede evitarse

Cada vez que se habla de industrias culturales como motor económico aparece el mismo caso: Corea del Sur. La expansión global del llamado Hallyu (Ola coreana) suele asociarse a fenómenos recientes como el K-Pop o Squid Game. Pero su origen es estructural y deliberado. Desde los años noventa, Corea construyó políticas públicas destinadas a convertir las industrias culturales en un sector estratégico. 

Tres décadas después, el país exporta música, series, formatos, videojuegos y marcas culturales que generan miles de millones de dólares e inciden sobre el turismo, la tecnología y el posicionamiento internacional del país.

No podríamos decir aún que Brasil está replicando el  modelo coreano de forma literal, pero si se puede notar claramente que en lugar de competir exclusivamente por atraer producciones internacionales, el país comienza a preguntarse cómo construir una industria capaz de generar propiedad intelectual propia de manera sistemática y colocarla en los mercados globales.

La paradoja del contenido local
Plataformas y broadcasters se voltean a mirar al contenido local

PwC documenta una creciente preferencia global por contenidos locales, al tiempo que la participación de los grandes estudios estadounidenses en la taquilla internacional sigue reduciéndose respecto a niveles prepandemia. 

Es la confirmación empírica de algo que la industria intuye pero todavía asimila con dificultad: la globalización de la distribución no condujo a la homogeneización cultural, por el contrario, actualmente se le da gran valor a la autenticidad de lo super local. 

Francisco Ramos, vicepresidente de Contenido para Latinoamérica de Netflix, lo ha formulado con claridad en distintos foros: «las historias más específicas culturalmente son, con frecuencia, las que alcanzan una conexión más universal. Cuanto más global es la plataforma de distribución, más valiosa se vuelve la autenticidad de origen».

El Gobierno español es un claro ejemplo.  La industria audiovisual del país tiene un carácter estratégico por su carácter global, su capacidad de generar empleo y su potencial de modernización gracias a la digitalización. España es el sexto país de la Unión Europea en número de títulos producidos (por detrás de Alemania, Francia, Reino Unido, Holanda e Italia).

Por otra parte, un análisis de Digital i demostró que el tiempo de visualización de contenido estadounidense en 19 países (fuera de EEUU) en las principales plataformas bajó del 52% al 45% en solo cinco años. Este tiempo fue absorbido casi en su totalidad por producciones locales o internacionales.

La pregunta que Brasil le hace a la región

Por eso la discusión que tomó forma en Rio2C 2026 trasciende ampliamente al mercado brasileño. Durante años, la región compitió por atraer inversiones de Netflix, Disney, Warner Bros. Discovery y otros grandes operadores internacionales. Era una carrera legítima, y en muchos mercados generó industria, empleo y capacidades técnicas reales.

Pero la pregunta que emerge ahora es diferente de fondo: ¿puede América Latina construir una estrategia industrial basada en la exportación de contenido, creatividad y propiedad intelectual propia?

La respuesta dependerá de financiamiento, formación de talento, estabilidad regulatoria y acceso a mercados. Pero también de algo más difícil de legislar: la capacidad de entender que el contenido ya no es únicamente expresión cultural. Es un activo económico con lógica de largo plazo.

En una industria donde el crecimiento se desacelera, la competencia se intensifica y la inteligencia artificial reescribe las reglas de producción, los países que logren construir ecosistemas generadores de propiedad intelectual tendrán una ventaja mucho más duradera que cualquier cash rebate. 

Quizás esa sea la verdadera apuesta que comenzó a tomar forma este año. No cómo atraer la próxima producción internacional. Sino cómo crear las condiciones para que la próxima gran franquicia global nazca aquí.

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