Así se graba La 1-5/18, la nueva novela de Polka

El director Jorge Nisco y el productor ejecutivo Diego Carabelli detallan a ttvnews los entretelones de la nueva ficción producida por Polka y que marca el regreso de la ficción local al prime time de El Trece.

Después de un año y medio sin ficción nacional al aire, El Trece de Argentina estrenó el pasado lunes 20 de septiembre La 1-5/18, la esperada nueva telenovela producida por Polka.

En diálogo con ttvnews, el director Jorge Nisco (Epitafios, Mujeres asesinas, Violetta) y el productor ejecutivo Diego Carabelli, detallan los entretelones de esta súper producción que cuenta con un cast multinacional.

¿Qué sensación les ha dejado el estreno de La 1-5/18?

Jorge Nisco (JN): Después de tanto trabajo, ver al aire plasmado en la pantalla todo ese trabajo como que da un poco de relax en cuanto a lo que hicimos.

Diego Carabelli (DC): Además fue un año muy particular. Después del parate general y del parate de la ficción, volver a hacer el formato de tira diaria y que además se fueron dando situaciones por los protocolos… Nosotros empezamos en abril. Era un momento muy complejo, diferente al de ahora. Eso nos fue generando un montón de retrasos, por situaciones imponderables y los cuidados que debíamos tener.

Se dio la situación de que estuvimos cinco meses grabando antes del salir al aire. Nunca nos había pasado. Eso tiene pro y contras. Ante los imprevistos se puede ver el material, evaluar o volver a hacer. Pero la contra es que uno no tiene en el día a día la respuesta del público. Uno va un poco a ciegas, con la subjetividad de estar haciendo lo mejor posible, pero sin el termómetro de cómo se recibe eso.

¿Cómo surge y cuándo se le da luz verde al proyecto?

DC: El proyecto estaba en la cabeza de Adrián Suar desde hace años. Ya en 2019 cuando estábamos haciendo ATAV (Argentina tierra de amor y venganza), barajamos adaptar esa idea de Adrián en un formato de tira diario. Era todo un desafío, pero un desafío que nos seducía en el sentido de siempre estar con algo nuevo.

Empezamos a pensar cómo grabar en un barrio de estas características. Cómo poder replicarlo en el predio. En el medio pasó todo lo que sucedió en el 2020 y, a fines del año pasado, cuando se empezó a vislumbrar cómo iba a ser el 2021, empezamos a trabajar con Adrián, los directores y autores para plasmar este proyecto.

La historia sucede en un barrio marginal de Buenos Aires y para llevar adelante el proyecto se tuvo que definir primero la locación y además construir una réplica de esa locación en los Estudios Baires. ¿Cómo fue esa etapa de definición?

DC: Empezamos a contactarnos con el Barrio 31, que era el lugar que estéticamente tomábamos como modelo. Empezamos a hacer el scouting, hablamos con la gente del barrio y tuvimos muy buena receptividad, porque además para los primeros capítulos queríamos tener escenas en el lugar real.

JN: Fuimos muchas veces al Barrio 31 con el director de arte y la jefa de vestuario, para hacer un estudio de vestuario y toda la parte estética que predominaba. Buscamos imbuirnos como para ver qué tanto se podía plasmar. Fue un trabajo de casi dos meses integrándonos con la gente del barrio.

¿Cómo fueron esos primeros encuentros con el barrio?

JN: La recepción del barrio y de la gente fue óptima. Estamos agradecidos de poder estar contando una historia que no solo tiene que ver con la marginalidad, que la hay, pero que también hay gente que trabaja, gente que siente, que se casa, que manda a los hijos a la escuela como puede. Hay otra vida que no es únicamente la que muestran los noticieros. Eso es lo que la novela intenta rescatar y lo que hizo que nos dieran un gran apoyo.

¿Cómo resolvieron la etapa de llevar el barrio a un set de grabación?

DC: Tenemos una calle semi construida en los Estudios Baires que solemos utilizar. Para esta novela reconstruimos mucho más de los que habitualmente hacemos, prácticamente la hicimos de nuevo. Y además agregamos otra. O sea que son 80 metros lineales que existían e hicimos otra más.

Fue un desafío en cuanto al costo, porque también teníamos que estar seguros de que, como parte del diseño de producción, se viera bien, para que los autores pudieran utilizar las dos calles para contar conflictos y situaciones. Y eso lo conseguimos. Y después en el estudio de 1200 metros recreamos algunos decorados. Una calle que es como un pasillo del barrio. La verdad que los decorados superaron las expectativas. Quedaron muy bien, muy creíbles. El diseño de fotografía es muy bueno.

¿Cuál fue el momento más complicado de la preproducción?

DC: Fue la primera semana. Jorge grabó un día y al otro se enfermó de Covid. Lo transitó bien, pero no podía venir a grabar y ya habíamos arrancado el rodaje. Y Alejandro Ibáñez, el otro director de la Unidad 1, también grabó un día y se enfermó. Los primeros 15 días estuvimos sin los dos directores, con los asistentes de dirección, que son directores, pero con ese imprevisto apenas iniciado el rodaje.

En las primeras jornadas es un poco donde se da la búsqueda de la estética, de los personajes, de la cámara, porque uno tiene una idea, pero se llega al rodaje y se empieza a probar y ajustar. Y justo en ese momento clave no podemos contar con los directores, pero igual salimos adelante.

¿Cómo es la experiencia de trabajar en pandemia?

DC: Por un lado, con todo el cuidado, porque para todo el equipo técnico y demás se contaba con los elementos de protección personal. Pero, en cuanto al actor, que tiene que actuar «a cara lavada» como en todos lados, se implementaron los testeos, tuvimos el asesoramiento de una infectóloga y al principio eso complejizaba los tiempos. Había que emprender toda una logística para movilizar a los actores. Fue muy complejo en comparación a lo que uno está acostumbrado, además de la propia dificultad que tienen los programas diarios.

¿Qué destacaría acerca del trabajo del cast?

JN: Me parece interesante la integración de actores, de primeras figuras como el caso de Lali González o Gonzalo Heredia y el de los actores extranjeros. No era común hacer un programa de TV con tantas figuras extranjeras y que cada una se representara. Y estoy además sorprendido porque no hay mucha experiencia en hacer telenovelas en algunos países y la verdad es que la han transitado con una soltura y precisión que me ha dejado asombrado.

¿Esa adición de talento extranjero tiene que ver con la búsqueda de la regionalización o exportación del contenido?

DC: Si, pero principalmente tiene que ver con darle verosimilitud a la historia que estamos contando. Así como ATAV sucedía en una época de inmigrantes donde teníamos la participación de actores italianos y españoles, en La 1-/18 es un barrio donde hay mucha inmigración sudamericana. Necesitábamos actores de primera línea que pudieran transitar su identidad y que estén a la altura.

La verdad que también destaco el gran trabajo que hicimos de casting. Y también en tener actores que son oriundos de barrios similares. Todo eso fue un armado que llevó tiempo. E incluso lo fuimos haciendo mientras estábamos en el rodaje, porque tenía que ser muy real. Todo se va retroalimentando. Se tienen actores que, por ejemplo, vienen y dicen: «Eso no se dice así», porque saben lo que están haciendo y lo que están diciendo.

DC: Aparte siempre sucede que, en grupos con mucha convivencia, hay un sentido de pertenencia, pero además con todo lo que fuimos pasando a lo largo de los meses, como que nos unió más. Hay un muy buen trabajo de equipo en ese sentido.

¿Cuántas personas están involucradas en una producción de esta envergadura?

DC: Nosotros grabamos con dos unidades al mismo tiempo. Jorge es el director de exteriores y Alejandro Ibáñez el director de piso. En cada unidad hay entre 50 y 60 personas en el rodaje. En la oficina estamos los productores, la gente de arte y de vestuario, que están preparando todo lo que se viene. Somos unas 20 personas. Más la gente de posproducción y edición. Yo diría que son 130 personas. En cuanto a los talentos, tenemos un elenco muy grande y si bien nunca están todos al mismo tiempo en el set, estamos en alrededor de 30 personas.

Hay alguna escena en la que participa un gran número de extras. ¿Qué tal fue la experiencia de rodaje?

JN: En el primer capítulo hicimos una fiesta en el Barrio 31 donde hubo más de 100 extras. La dificultad en ese sentido es coordinarla. Pero nada extraño. Lo que complicó más fue el hecho de que todos los extras estuvieran testeados diariamente o en días anteriores, pero por una cuestión de inexperiencia. En ese sentido, estamos aprendiendo a medida que vamos trabajando.

¿Qué les deja esta experiencia de producir y realizar en pandemia?

JN: Lo bueno es que estás un poco más seguro. Los actores, sobre todo. Lo negativo es que es más costoso para la producción. Hoy en las condiciones que tiene nuestro país se nos encarecen los costos. Se tiene una cantidad de gente trabajando para los testeos y eso genera una demora en el plan de rodaje.

¿Cómo entienden hoy en día la ficción en TV abierta entre tanta oferta de pantallas?

JN: Cuando empecé a trabajar con Poliladron ya era egresado de la Escuela de Cine. De alguna manera nosotros cambiamos la TV. Le dimos una mirada más cinematográfica. Hace 20 años éramos unos revolucionarios, porque cambiamos de verdad a la TV. Y hoy nos dicen que hacemos TV, y los que nos dicen que hacemos TV, no vieron la TV anterior. Se da una cosa media extraña. Antes éramos revolucionarios y ahora nos convertimos en el establishment.

Han salido otras nuevas propuestas con nuevas miradas y nosotros estamos ahí. Ahora nos toca ver cómo las personas le agregan afortunadamente nuevas formas de contar. Y en paralelo se da este cambio de paladar en el público. Primero estaban los canales de aire, después los canales de cable y después las plataformas. En la cantidad de ficción que hay hoy en día conviven distintos relatos, con distintas búsquedas de público. Y hoy eso hace que el espectador elija. Hay una mayor competencia. La oferta es impresionante.

DC: Yo creo que la telenovela o el melodrama es un formato que en ese sentido no tiene remplazo. El formato que salga de lunes a viernes y que se enfoque mucho en los personajes, que haya empatía con esos personajes, creo que podría llegar a convivir la tira de TV abierta con ese formato. Es algo diferente. Ni mejor, ni peor. Creo que hay que tomarlo como un género.

JN: Es un género. La telenovela es una historia que tiene sus propios códigos y nosotros desde la escritura, la realización y factura tratamos respetarlos.

Y en este sentido, ¿cómo definen a La 1-5/18?

JN: Es una telenovela con distintos tipos de ingredientes.

DC: Es una novela muy de género, focalizada en las historias de amor y la imposibilidad durante toda la tira de esa historia de amor, en una cuestión bien melodramática. Eso es lo que buscamos.

¿Cómo sigue el plan de rodaje de aquí en más?

DC: Estamos grabando y mientras postproducimos. Estamos bastante despegados del aire, que es otro de los clichés de este formato, que está muy pegado del aire. Pero en esta novela no es esa la realidad. Estamos como 45 capítulos adelantados y en ese sentido la podemos cuidar más durante más tiempo. Todos los días grabamos con las dos unidades, visualizamos y editamos capítulos en las diferentes etapas.

¿Cuántos episodios se estiman?

DC: No lo tenemos muy bien definido, pero entre 100 y 120.

¿Qué implica este regreso de la ficción a la TV argentina?

DC: Fue un año complejo. Y más allá de que en Polka y nosotros vamos saltando de género, entre tiras y series-, cuando surgió la posibilidad de poder volver al formato de la tira, que ha sido una nave insignia de Polka durante muchísimas décadas, le pusimos todo le profesionalismo para que salga de la mejor manera posible como lo hicimos siempre, con los condimentos nuevos que se presentaron este año.

JN: Es volver a hacer esto con las ganas de siempre y con el amor que le tenemos a nuestra actividad. Y que arranque con un proyecto con estas características, una tira con un elenco heterogéneo, me parece que no es poca cosa.

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